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NACIONAL - 5 horas ago

Guadalajara sale a las calles por agua limpia; estudios detectan falta de cloro y posibles contaminantes.

La mala calidad del agua que llega a los hogares de Guadalajara y su zona metropolitana provocó una nueva jornada de protestas ciudadanas. Miles de personas marcharon el domingo 11 de octubre desde la glorieta de La Minerva hasta Casa Jalisco para exigir un suministro seguro, explicaciones sobre los problemas de contaminación y soluciones que garanticen el acceso al agua potable.

La movilización terminó con enfrentamientos entre policías estatales y manifestantes identificados como integrantes del llamado bloque negro. Durante los incidentes se utilizó gas lacrimógeno y chorros de agua, además de registrarse detenciones frente a la residencia oficial del gobernador Pablo Lemus Navarro. De acuerdo con reportes de distintos medios, las autoridades confirmaron la detención de 39 personas y también se reportaron lesionados. El Gobierno estatal atribuyó los disturbios a la intervención de un grupo de choque, mientras que familiares, abogados y participantes cuestionaron la actuación policial y sostuvieron que la protesta había comenzado de manera pacífica.

La manifestación ocurre después de meses de denuncias de habitantes que aseguran recibir agua turbia, amarillenta, oscura, con sedimentos y olores desagradables. Aunque las quejas por la calidad del suministro se remontan a varios años, el problema se agravó durante 2026 y se convirtió en una preocupación sanitaria, económica y social para las familias afectadas.

Uno de los principales elementos que alimentaron la preocupación fueron los resultados de un monitoreo ciudadano cuyos datos fueron publicados el 1 de julio por La Jornada. El estudio comprendió 184 muestras recolectadas entre marzo y junio en 90 colonias de Guadalajara, Zapopan, San Pedro Tlaquepaque y Tonalá.

De acuerdo con los resultados difundidos, 93.48% de las muestras no tenía cloro residual, un indicador relevante porque el cloro se utiliza para mantener la desinfección del agua durante su distribución. Las organizaciones participantes también reportaron indicios de Escherichia coli (E. coli), además de presencia de plomo, mercurio, aluminio y fluoruros en las muestras analizadas.

Los hallazgos encendieron las alertas sobre las condiciones sanitarias del suministro y llevaron a organizaciones ciudadanas a solicitar nuevos análisis oficiales e independientes, investigaciones sobre el origen de los contaminantes y la intervención de las autoridades sanitarias.

Sin embargo, los resultados deben interpretarse dentro de los límites del propio monitoreo: corresponden a las muestras recolectadas en los lugares y fechas señalados y no demuestran, por sí solos, que todas las viviendas de la zona metropolitana reciban agua con los mismos contaminantes. Para establecer la magnitud del problema es necesario conocer los resultados de laboratorio por colonia, punto de muestreo y parámetro analizado, así como compararlos con los límites establecidos en la normativa sanitaria.

La preocupación también se centra en las condiciones de la infraestructura que abastece a la ciudad. El gobernador Pablo Lemus reconoció a principios de octubre la gravedad de la crisis y anunció que se dejaría de utilizar temporalmente el agua procedente de la presa Las Pintas y del sistema antiguo de conducción desde Chapala, con el objetivo de reducir la entrada de agua de mala calidad a la red de distribución.

De acuerdo con lo informado por el mandatario y reportes publicados por La Jornada, la medida implicaría reducir el suministro hasta en 2.5 metros cúbicos por segundo durante al menos seis meses. La zona metropolitana consume aproximadamente entre 10 y 11.5 metros cúbicos por segundo, por lo que el recorte podría generar problemas de abastecimiento y obligar a distribuir el agua de manera intermitente en distintas colonias.

El sistema antiguo de conducción de Chapala comenzó a operar en 1956. Especialistas y reportes periodísticos han señalado que durante su recorrido existen fuentes potenciales de contaminación, incluidas descargas residuales. No obstante, identificar con precisión qué sustancias llegan a los hogares y en qué concentraciones requiere análisis específicos del agua en las fuentes de abastecimiento, las plantas potabilizadoras, los tanques y diferentes puntos de la red.

El Gobierno estatal también anunció la construcción de un nuevo acueducto para sustituir la infraestructura antigua, una obra cuyo plazo estimado es de al menos dos años. Mientras se concreta, las familias deberán enfrentar la incertidumbre sobre la calidad del agua y las posibles reducciones del servicio.

Las consecuencias se reflejan en los gastos cotidianos. Ante la desconfianza en el suministro, numerosos hogares recurren a garrafones, agua embotellada, filtros o pipas para cubrir sus necesidades. A ello se suman las denuncias vecinales de irritación en la piel y los ojos, así como molestias gastrointestinales, aunque establecer una relación directa entre esos padecimientos y el agua requiere evaluaciones médicas y epidemiológicas.

La dimensión del descontento también quedó reflejada en los registros de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco. El organismo informó el 1 de octubre sobre un listado de 39 colonias de Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá con quejas relacionadas con el suministro o la calidad del agua. Durante septiembre recibió 145 quejas por estos problemas, diez de ellas colectivas.

Las cifras corresponden a reportes presentados ante la defensoría y no constituyen un diagnóstico técnico de todas las colonias afectadas. Aun así, muestran que las inconformidades han llegado a las instancias de derechos humanos mientras se mantienen las denuncias públicas sobre el servicio.

La movilización del domingo convirtió esas demandas en una protesta multitudinaria que terminó frente a la residencia del gobernador. Además de exigir agua limpia, los participantes reclamaron respuestas sobre las fallas del sistema, la atención a las familias afectadas y la actuación de las autoridades ante una problemática que lleva años sin una solución definitiva.

La crisis mantiene pendientes preguntas centrales: cuáles son los contaminantes presentes en cada sector de la red, qué resultados arrojan los análisis oficiales, cómo se garantizará la desinfección durante la distribución y qué medidas se aplicarán para evitar que la reducción del caudal se traduzca en periodos prolongados sin agua.

Mientras el Gobierno estatal plantea cambios en las fuentes de abastecimiento y la construcción de nueva infraestructura, la exigencia ciudadana se concentra en contar con agua que cumpla las condiciones sanitarias para el consumo humano, resultados de laboratorio públicos y verificables y un suministro suficiente para las actividades básicas de los hogares.

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