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NACIONAL - 3 semanas ago

Abogado afirma que Mario Aburto no fue el que le disparo a Colosio

El abogado de Mario Aburto, Jesús González Schmal, aseguró que en el asesinato de Luis Donaldo Colosio hubo dos disparos, pero ninguno fue realizado por su cliente. Su declaración se dio este lunes 10 de noviembre, tras la detención de Jorge Antonio Sánchez Ortega, exagente del desaparecido Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), señalado como presunto segundo tirador.

En entrevista con la periodista Azucena Uresti, González Schmal mencionó que Sánchez Ortega habría participado activamente en la planeación del crimen ocurrido en Lomas Taurinas, Tijuana, el 23 de marzo de 1994. “Sánchez Ortega era un miembro destacado del Cisen, y me parece que estuvo dirigiendo la conspiración que se armó aquel día”, afirmó.

De acuerdo con el testimonio de Aburto, citado por su abogado, los dos disparos fueron hechos por diferentes personas. Uno de ellos, presuntamente por un sicario conocido como “El Ruco”, quien fue asesinado ese mismo día en un taller mecánico de Tijuana.
González Schmal expresó que confía en que el nuevo arresto permita al país “sanar una herida política que sigue abierta desde hace más de tres décadas”.

El abogado negó que la detención del exagente del Cisen sea una “cortina de humo” del Gobierno, tras las recientes críticas por la inseguridad en Michoacán. “No creo que sea una estrategia para ocultar la verdad; al contrario, esto puede abrir un horizonte de conocimiento sobre lo que ocurrió hace 31 años”, comentó.

Asimismo, reiteró que Aburto nunca tuvo relación con el asesinato y que continúa en prisión a pesar de las inconsistencias en su proceso. “Su familia en Estados Unidos está viviendo un calvario que no merece”, añadió.

¿Quién es Jorge Antonio Sánchez Ortega?

La Fiscalía General de la República (FGR) informó que el exagente fue detenido el pasado 8 de noviembre en una vivienda de la colonia Los Reyes, en Tijuana.
Sánchez Ortega ya había sido arrestado el mismo día del magnicidio, en 1994, tras dar positivo a la prueba de rodizonato de sodio —usada para detectar contacto con pólvora— y portar una chamarra con manchas de sangre. Sin embargo, entonces no se presentaron pruebas suficientes para procesarlo.

Treinta y un años después, la FGR reabrió su caso y ordenó una nueva captura, aunque un juez federal suspendió la orden por considerar que “no existían pruebas sólidas”.
La reaprehensión vuelve a colocar en debate las dudas sobre la investigación original, la participación de agentes del Cisen y la transparencia en torno al asesinato de Colosio.

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