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INTERNACIONAL - 18 horas ago

Canadá arde: incendios forestales arrasan millones de hectáreas y generan una crisis de contaminación atmosférica.

Canadá enfrenta una de las temporadas de incendios forestales más severas de los últimos años. Cientos de siniestros permanecen activos en diversas provincias, mientras enormes columnas de humo han cubierto extensas regiones del país y se han desplazado hacia Estados Unidos, provocando una importante degradación de la calidad del aire y alertas sanitarias para millones de personas.

De acuerdo con reportes de autoridades canadienses, organismos meteorológicos y agencias internacionales, actualmente se registran más de 830 incendios forestales activos, de los cuales más de un centenar permanecen fuera de control. Las provincias más afectadas son Ontario, Manitoba, Saskatchewan, Alberta y Columbia Británica, donde las altas temperaturas, la sequía y los fuertes vientos han favorecido la rápida propagación del fuego.

La superficie afectada continúa aumentando diariamente y ya supera ampliamente el promedio registrado durante la última década para esta época del año. Los especialistas advierten que la temporada 2026 se perfila nuevamente como una de las más destructivas debido a las condiciones extremas de calor y sequía, relacionadas con el cambio climático.

Además de la devastación sobre millones de árboles del bosque boreal considerado uno de los mayores reservorios naturales de carbono del planeta, los incendios han obligado a realizar evacuaciones preventivas en numerosas comunidades, han afectado la fauna silvestre, infraestructura, actividades económicas y operaciones aéreas en distintas regiones del país.

Uno de los efectos más visibles de la emergencia ha sido la gigantesca nube de humo que ha recorrido miles de kilómetros impulsada por los sistemas atmosféricos. El Servicio de Monitoreo Atmosférico Copernicus «CAMS» confirmó que las emisiones de humo han alcanzado desde la región de los Grandes Lagos hasta la costa este de Norteamérica e incluso el Atlántico Norte.

Las partículas finas PM2.5 presentes en el humo representan uno de los mayores riesgos para la salud, ya que pueden penetrar profundamente en los pulmones e incluso ingresar al torrente sanguíneo, incrementando el riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, especialmente en niños, adultos mayores y personas con padecimientos crónicos.

En Estados Unidos, el humo ha provocado alertas por mala calidad del aire en al menos 18 estados, principalmente en la región de los Grandes Lagos, el noreste y parte del Medio Oeste. Ciudades como Nueva York, Chicago, Detroit, Washington D.C. y Minneapolis registraron concentraciones elevadas de contaminación atmosférica durante varios días consecutivos.

De acuerdo con la plataforma internacional IQAir, algunas ciudades llegaron a ubicarse entre las más contaminadas del mundo debido a las partículas suspendidas provenientes de los incendios. En Detroit se reportaron índices de calidad del aire «AQI» cercanos a 600, una categoría considerada «peligrosa», mientras que Chicago alcanzó temporalmente el peor registro mundial. Estos niveles implican un riesgo para toda la población y no únicamente para los grupos vulnerables.

Ante este panorama, autoridades ambientales estadounidenses emitieron múltiples alertas de calidad del aire, recomendaron evitar actividades físicas al aire libre, mantener cerradas puertas y ventanas, utilizar sistemas de filtración de aire y, en algunos casos, distribuir mascarillas de alta eficiencia como las KN95 para reducir la exposición al humo.

Si bien en la mayor parte de Estados Unidos no se ha declarado una contingencia ambiental nacional como ocurre en algunos países, sí permanecen vigentes numerosas alertas regionales por contaminación atmosférica emitidas por agencias ambientales y servicios meteorológicos debido a que los niveles de partículas finas superaron ampliamente los estándares considerados seguros para la salud.

Especialistas señalan que la frecuencia e intensidad de los incendios forestales en Canadá ha aumentado de manera significativa durante los últimos años. El incremento de las temperaturas, las prolongadas sequías y la mayor incidencia de rayos han favorecido temporadas más largas y destructivas, situación que diversos estudios vinculan con los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas boreales.

Mientras continúan las labores de combate por parte de miles de brigadistas y cuerpos de emergencia, las autoridades mantienen vigilancia permanente sobre la evolución de los incendios y el desplazamiento del humo, ya que las condiciones meteorológicas podrían extender las afectaciones a nuevas regiones durante los próximos días.

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