Protestas e indignación sacuden a Estados Unidos tras la muerte de un manifestante en Mineápolis a manos de agentes del ICE
Cientos de manifestantes se han volcado a las calles de diversas ciudades de Estados Unidos en respuesta a la muerte de Alex Jeffrey Pretti, un ciudadano estadounidense que fue abatido por agentes migratorios durante una demostración en Mineápolis, Minnesota, un hecho que ha encendido una ola de indignación, protestas y llamados por justicia y cambios en las políticas de control migratorio.
El incidente, ocurrido el 24 de enero de 2026, involucró a agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos “ICE” mientras Pretti participaba en una protesta en contra de operaciones de redadas migratorias en la ciudad. Las imágenes que se difundieron en redes y medios muestran a Pretti, de 37 años que trabajaba como enfermero de cuidados intensivos, forcejeando con los agentes antes de recibir múltiples disparos, aunque versiones oficiales y videos difieren considerablemente sobre los detalles de lo sucedido.
La muerte de Pretti se suma a la de otra manifestante, Renée Nicole Good, abatida por agentes migratorios a principios de enero, lo que ha intensificado las tensiones en la comunidad y ha impulsado protestas tanto en Mineápolis como en otras ciudades del país.
Las protestas en Mineápolis comenzaron con una vigilia cerca de Whittier Park, donde simpatizantes encendieron velas y entonaron el nombre de Pretti, y rápidamente se extendieron a otras urbes como Nueva York, Chicago, Los Ángeles, San Francisco y Seattle, con asistentes portando pancartas demandando “Justicia para Alex” y pidiendo la eliminación del ICE. Las manifestaciones han incluido marchas, concentraciones frente a oficinas gubernamentales y mensajes en redes sociales exigiendo responsabilidad por parte de las autoridades federales.
Durante las protestas se reportaron enfrentamientos con agentes armados y enmascarados que emplearon gas lacrimógeno y granadas aturdidoras para dispersar a los manifestantes, lo que ha generado críticas sobre el uso de la fuerza y tácticas policiales en contextos de expresión pública.
La administración federal defendió la presencia de agentes en Mineápolis como parte de una operación mayor de control migratorio, pero líderes locales y activistas han denunciado un exceso de autoridad, señalando que Pretti no representaba una amenaza letal en el momento del tiroteo, contradiciendo la versión oficial que lo calificó de presunto agresor.
La violencia del incidente y su repercusión mediática han provocado reacciones en distintos sectores de la sociedad estadounidense. Familiares y amigos de Pretti han desmentido acusaciones oficiales de que la víctima era un “terrorista doméstico”, y aseguran que él actuaba pacíficamente y sin portar un arma en el momento en que fue abatido.
Asimismo, se han organizado campañas de recaudación de fondos que superaron con creces sus metas iniciales, destinadas a apoyar a la familia de Pretti, lo que refleja el apoyo popular a la causa y la movilización que ha generado su muerte.
En respuesta a los disturbios, se programaron audiencias federales esta semana relacionadas con el uso de fuerza por parte de las autoridades migratorias, mientras que algunos gobernadores estatales han exigido la retirada de agentes no entrenados de sus jurisdicciones.
La muerte de Pretti y las protestas que siguieron han alimentado un debate más amplio sobre la política migratoria de Estados Unidos, el papel de las agencias federales en la aplicación de la ley y la protección de los derechos civiles durante manifestaciones, en un contexto de crecientes tensiones políticas y sociales en todo el país.
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