León XIV es el nuevo Papa con alma latinoamericana y raíces en Chicago
La Iglesia Católica tiene nuevo líder espiritual. El cardenal estadounidense Robert Francis Prevost, de 69 años, ha sido elegido como el Papa número 267 y llevará el nombre de León XIV, en honor a uno de los pontífices más influyentes de la historia social de la Iglesia. Su elección fue anunciada con la tradicional frase en latín “Habemus Papam” desde el balcón de la Basílica de San Pedro, donde también ofreció sus primeras palabras: “La paz sea con todos vosotros, hermanas y hermanos… Ayudadnos a construir puentes”.
Con esta elección, el Vaticano abre una nueva etapa en la que parece continuar la línea pastoral y de inclusión marcada por el Papa Francisco. Y aunque León XIV es originario de Estados Unidos, buena parte de su vida ha transcurrido lejos del poder y cerca de los pueblos más olvidados de América Latina.
Un norteamericano con corazón peruano
Nacido en Chicago en 1955 y criado en una familia obrera, Prevost se unió a la Orden de San Agustín desde joven, movido por una vocación misionera que lo llevó a estudiar filosofía, teología y derecho canónico, tanto en Estados Unidos como en Roma. Fue ordenado sacerdote en 1982 y poco después se trasladó a Perú, donde pasó años en comunidades rurales de la diócesis de Chulucanas, al norte del país.
Allí se forjó su identidad pastoral: cercana, sencilla y preocupada por la justicia social. Su español fluido y su conexión con la cultura latinoamericana han sido clave para construir puentes entre la Iglesia institucional y las realidades del sur global.
Desde 2023, ocupaba un puesto de gran influencia como prefecto del Dicasterio para los Obispos, el órgano que asesora al Papa en el nombramiento de obispos en todo el mundo. Ese rol, sumado a la confianza personal del papa Francisco, lo convirtió en una figura fuerte dentro del Vaticano, aunque siempre con un estilo más sobrio que mediático.
Pese a su perfil conciliador, Prevost también ha sido cuestionado por su manejo de algunos casos de abusos durante su tiempo en Perú. Aunque no enfrenta cargos formales, ese historial podría abrir debates sobre la transparencia en la Iglesia. Aun así, su figura se mantuvo firme en el cónclave, donde fue visto como una opción de equilibrio y continuidad.
Con la elección de León XIV, la Iglesia parece haber optado por un liderazgo moderado, con experiencia global y sensibilidad pastoral. Su cercanía al pensamiento de Francisco sugiere que no habrá grandes giros, sino una consolidación de reformas ya iniciadas.
El nuevo Papa se enfrenta a enormes retos: una Iglesia cada vez más polarizada, el avance de la secularización y la exigencia de una renovación profunda en temas como el papel de las mujeres, el manejo de abusos y la apertura al diálogo interreligioso.
Por ahora, León XIV ha dejado claro su mensaje central: tender puentes. Entre culturas, entre ideologías y entre los fieles del mundo. Un reto que marcará el rumbo de su pontificado.
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